El nuevo presidente de Colombia flexibiliza las normas de control de armas.

El presidente colombiano, Abelardo de la Espriella, ha firmado un decreto que flexibiliza las restricciones sobre la portación legal de armas de fuego en público.

De la Espriella, quien durante su campaña presidencial prometió mano dura contra el crimen, dijo que «no es justo que los criminales estén armados hasta los dientes mientras que la gente decente no puede defenderse».

El decreto levanta una suspensión que había estado vigente durante una década, lo que significaba que incluso aquellos que poseían un permiso para portar armas no podían hacerlo sin una autorización adicional.

De la Espriella insistió en que el decreto no crearía una situación de descontrol y que se mantendrían los estrictos controles sobre quién puede poseer un arma.

Al firmar el decreto, el presidente afirmó haber cumplido su promesa de campaña: «La palabra de un hombre es su honor, y yo tengo honor, por eso cumplo mi palabra».

La restricción de portar armas legales en público fue impuesta por el entonces presidente Juan Manuel Santos en diciembre de 2015. Originalmente, se concibió como una medida temporal, destinada a mejorar la seguridad durante las festividades de Navidad y Año Nuevo.

Pero la suspensión fue prorrogada anualmente por Santos y dos presidentes posteriores de lados opuestos del espectro político: el conservador Iván Duque y el izquierdista Gustavo Petro.

Según la ley, incluso quienes tenían permiso para portar un arma no podían sacarla de sus casas a menos que solicitaran —y obtuvieran— una autorización adicional.

De la Espriella ha insistido en que su decreto ha eliminado una restricción que nunca tuvo la intención de ser permanente.

Según el diario español El País, el decreto afectará a casi 700.000 personas en Colombia que ya poseen un permiso legal para portar armas.

Ahora podrán sacar su arma registrada de su casa, siempre y cuando sus permisos estén vigentes.

El senador del partido Alianza Verde, Ariel Ávila, calificó la medida de «grave error», argumentando que las armas de fuego que se poseen legalmente acabarían en manos de delincuentes.

Ávila insistió en que esto creaba un dilema ético, ya que solo las fuerzas estatales deberían portar armas y actuar como garantes de la seguridad de la población.

De la Espriella insistió en que la medida no afectaría negativamente la seguridad del país y afirmó que las fuerzas de seguridad estaban persiguiendo a quienes portaban armas ilegales y que habían incautado más de 15.000 armas de fuego en lo que va del año.

Según de la Espriella, la mayoría de ellos pertenecían a miembros de facciones disidentes del grupo rebelde FARC y de la banda criminal Clan del Golfo.